Turismo rural

feb 15th, 2014 | By | Category: Cultura

Turismo RuralSe trata de un deporte nacional que antes se llamaba ‘ir al pueblo’. La diferencia es que si vas a tu pueblo es gratis, y si haces turismo Rural vas a un pueblo que no es tuyo y pagando una pasta. Para hacer turismo rural no vale cualquier pueblo. Tiene que ser un pueblo ‘con encanto’.

  • ¿Y qué es un pueblo ‘con encanto’? Pues un pueblo que sale en una Guía
    de pueblos ‘con encanto’. Si es que  cae por su propio peso.

A estos pueblos se suele llegar a través de una carretera comarcal ‘con encanto’, que es una carretera con tantos baches y tantas curvas que cuando llegas al pueblo estás ‘encantao’ de bajarte.

Y cuando entras al bar intentas integrarte con los vecinos. ¡Buenos días, paisanos! ¿Qué es lo típico de aquí?

Y el del bar piensa: ‘Pues aquí lo típico es que vengan los gilipollas de la ciudad los fines de semana a dejarse doscientas mil pesetas’.

Lo siguiente es alojarse en una casa rural o ‘casa con encanto’, que es una casa adornada con muchas vasijas y ristras de ajos en el techo, que no tiene ni tele, ni radio, ni microondas.

Eso sí, tiene unos mosquitos trompeteros que por la noche hacen más ruido que una Derbi Coyote.

Luego te das cuenta de que los del pueblo viven en unas casas que no tienen ningún encanto, pero tienen jacuzzi, parabólica, Internet y portero automático. Tu casa no tiene portero automático, pero tiene una llave que pesa medio kilo.

Otra ventaja que tiene hacer turismo rural es que puedes elegir entre una casa vacía o vivir con los dueños. Estupendo.

Te vas de vacaciones y además de la tuya tienes que aguantar una familia
postiza. Que por la noche tú quieres ver la película, ellos los documentales, y te planteas: ‘¿Quién manda más, yo que he pagado 600 euros o este señor que vive aquí?’. Pues gana él, que tiene garrote.

Y encima te dicen que tienes la ‘posibilidad de integrarte en las labores del campo’. Que quiere decir que te despiertan a las cinco de la   mañana para ordeñar a una vaca. ¿No te jode? Es como si te vas a una gasolinera y te tienes que poner tú la gasolina o como si vas a un McDonalds y tienes que recoger tú la bandeja. O sea, lo normal. Así que te levantas a las cinco para ordeñar a las vacas.

Que digo yo: ¿por qué hay que ordeñar a las vacas tan temprano? Si la leche está ahí.

¿No se pueden ordeñar después del aperitivo? Yo creo que esto es fastidiar por fastidiar, porque a la vaca le tiene que sentar como una patada en las ubres que la despierten a las cinco de la mañana para que le toque las tetas un extraño.

Que la vaca te mira como diciendo: ‘Tío, si quieres leche vete a la nevera coge un tetra brick’. Es que son ganas de molestar.

Pero el ‘encanto’ definitivo son las ‘actividades al aire libre’.

Como cuando te ponen a hacer senderismo, que es lo que habitualmente se llama andar, y consiste, pues eso, en poner un pie delante de otro hasta que no puedas más, mientras los del pueblo te adelantan en un ‘todoterreno’ con aire acondicionado..
Pero tú encantado. Vas por el campo como abducido. Te vuelves bucólico y todo te parece  impresionante: ves una ‘caca’ de vaca y sueltas:

‘Ummmh qué olor a pueblo.’ ¿A pueblo? A pueblo no, huele a mierda. Eso sí, a mierda ‘con encanto’.

Y todo, sea lo que sea, te sabe a gloria: en el mesón te ponen dos huevos fritos con chorizo y tú en tu ciudad no te comes estos huevos, ni estos chorizos. Y le dices al camarero: ‘Oiga ¿a qué este chorizo es de matanza?’ ‘Pues casi, porque a punto estuvo de matarse en la curva el del camión de Campofrío’.

De repente oyes unas campanadas y dices: ‘¡Ah!. ¡Qué paz!. No hay nada como el sonido de una campana.

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