Sobre el Universo y Dios

ene 13th, 2013 | By | Category: Cultura

Universo-DiosHablar del Universo (con mayúsculas) es perderse de inmediato y aún cuando no comprendamos ello a la primera impresión; puesto que solemos emplear palabras o frases que dicen: “universal, universalmente, universo”, con las que simplemente expresamos como máximo, lo relativo a “mundial” y que concreta la frase, “universalmente conocido”, cuando nos referimos a una persona, composición musical, obra intelectual, etc. etc. y ello no es así, puesto que el Universo, es uno si se considera “unidad” y como tal no sólo es desconocido, sino que es el gran misterio en el que el hombre, anda siempre perdido y haciendo conjeturas, hipótesis, cábalas y alguna que otra afirmación, que por su poca “monta”, es cuasi insignificante comparando magnitudes que caen fuera de todo control y de toda imaginación, por preclaras que éstas sean.

Isaac Asimov en su obra “El Universo” (1966-1971) nos habla de cuanto se conoce hasta esas fechas, del Universo y es tal, la cantidad de datos, cifras, magnitudes, hipótesis y autores que nombra, que mejor que el interesado lea la obra en toda su extensión. No obstante y para confirmar cuanto indico al principio de mi reflexión, recogeré algunos párrafos por cuanto creo interesantes para llegar a una conclusión ya apuntada y en la que me afianzo:

MEDIDAS Y DIÁMETRO DE NUESTRO PLANETA: “Según los conocimientos actuales, la primera persona que sugirió que la Tierra era una esfera fue el filósofo griego Filolao de Tarento (480-? a. J.), quien formuló la idea hacia el año 450 a.J.

Podemos afirmar que hacia 350 a.J., ningún científico dudaba ya de que la Tierra fuese una esfera. Desde entonces, este concepto ha sido admitido en todo momento por cualquier hombre culto del mundo occidental.

La idea era tan satisfactoria y estaba tan exenta de paradojas que fue aceptada aún en ausencia de pruebas de carácter directo. Una prueba de este tipo no llegaría hasta el año 1522 d. J. (dieciocho siglos después de Aristóteles), cuando la única nave que logró sobrevivir a una expedición mandada en principio por el navegante Fernando de Magallanes (1480-1521) arribó a puerto, tras haber descrito por primera vez una vuelta a la Tierra: de este modo quedaba demostrado de una manera directa que aquella no era plana.

Hoy día se ha demostrado la esfericidad de la Tierra sobre el principio real de “ver es creer”. Durante los últimos años de la década de 1940-49 se consiguió lanzar cohetes a una altura suficiente para tomar fotografías de vastas porciones de la superficie terráquea; estas fotografías demostraron de un modo visible la curvatura esférica.

El área de la superficie de tal esfera es de 512.000.000 de kilómetros cuadrados, aproximadamente, cifra que equivale por lo menos a seis veces la superficie máxima conocida en los tiempos antiguos. Mediciones posteriores y más perfectas, dan los siguientes resultados: 40.067,96 para la longitud de la circunferencia de la Tierra en el Ecuador. El diámetro de la Tierra varía ligeramente según la dirección debido a que nuestro planeta no es una esfera perfecta; la longitud media de este diámetro es de 12.739,71 kilómetros. El área de la superficie es de 509.903.550 kilómetros cuadrados”.

Lo acotado arriba, es cuanto (muy resumido) nos aporta el autor del citado libro, sobre nuestro planeta “Tierra”, el que es sólo, algo así como… “una mota de polvo estelar” en el Universo, pero en el que (lo hago notar para el lector inteligente) la Madre Naturaleza, Dios, o La Creación (da igual el nombre que empleemos) no dejan “un milímetro” sin que en el mismo, esté presente “algo de vida”, tal y como la conocemos nosotros “los terrícolas”, puesto que incluso en las profundidades de los hielos “eternos”, los científicos actuales, han encontrado vida en formas ni entendidas, ni comprendidas, puesto que la vida en aquellos helados y profundos lugares, se consideraba imposible[v]. Digo cuanto antecede, por cuanto más adelante (en el citado libro) “vamos a encontrar” inconmensurables espacios (infinitos) y de vida no se indica nada, cosa no lógica, por cuanto… “esa Creación tan avara en este minúsculo planeta, no es admisible que desechara espacios tan inmensos y que estos sean totalmente estériles…?”. Por ello (pienso) que debemos hacernos algunas preguntas, al menos, yo me las hago: ¿Sólo existe la vida tal y como la conocemos en nuestro planeta?… ó… ¿Cuántas formas de vida pudieran existir y que no nos es dado conocerlas?… ¿Cuántas dimensiones pudiera haber o existir? Misterios que se resumen en uno sólo, o sea: el gran misterio que significa en sí, la palabra “UNIVERSO” o DIOS.

Ante la infinidad de discusiones y planteamientos que hay y se hacen, los que se denominan eruditos… “sólo sé que no sé nada”… dijo aquel sabio griego; veamos lo que escribió el que podemos denominar como… “padre de la Era Espacial”.

“El doctor Wernher von Braun, padre del programa espacial de la NASA, escribió la siguiente carta a la Junta de Educación del estado de California el 14 de septiembre de 1972. Su contenido debe ser estudiado cuidadosamente, pues esboza claramente las convicciones de un hombre sincero, experimentado científico, cuya razón se rinde ante la inteligencia divina” (dice así)…  “Estimado señor Grose: En respuesta a su pregunta acerca de mi punto de vista personal concerniente al “Caso en favor del DESIGNIO” como teoría científica viable sobre el origen del universo, la vida y el hombre, me siento complacido al hacer las siguientes observaciones. Para mí, la idea de creación no puede concebirse sin invocar la necesidad de designio. Uno no puede estar expuesto a la ley y al orden del universo sin concluir que debe haber diseño y propósito detrás de todo esto. En el mundo a nuestro alrededor podemos contemplar las obvias manifestaciones de un plan o designio ordenado y estructurado. Podemos ver la voluntad de las especies para vivir y reproducirse. Y nos sentimos humildes frente a las poderosas fuerzas en acción a nivel de las galaxias, y ante el orden con propósito en la naturaleza, que dota a una minúscula y torpe semilla con la habilidad para convertirse en una hermosa flor. Mientras entendemos las complejidades del universo y de todo lo que en él se encuentra, mayor razón hayamos de maravillarnos ante el inherente designio en el cual está basado. Aunque admitir un designio para el universo finalmente levanta el asunto de un Diseñado (un tema ajeno a la ciencia), el método científico no nos permite excluir datos que conducen a la conclusión de que el universo, la vida y el hombre se basan en un diseño. Ser forzados a creer en una sola conclusión -que en el universo todo ocurrió por casualidad- violaría la objetividad de la ciencia misma. Ciertamente hay quienes sostienen que el universo evolucionó a través de un proceso al azar, pero, ¿qué proceso al azar podría producir el cerebro del hombre o el sistema del ojo humano? Algunas personas dicen que la ciencia no ha podido probar la existencia de un Diseñador. Admiten que muchos de los milagros en el mundo a nuestro alrededor son difíciles de comprender, y no niegan que el universo, tal como la ciencia moderna lo ve, es en verdad mucho más maravilloso de lo que pudo percibir el creacionista medieval. Pero ellos aún sostienen que puesto que la ciencia nos ha proporcionado tantas respuestas, pronto llegará el día en que podremos entender aun la creación de las leyes fundamentales de la naturaleza sin un designio divino. Ellos desafían a la ciencia para que pruebe la existencia de Dios. Pero, ¿debemos realmente encender una vela para ver el sol? Muchos hombres inteligentes y de buena fe dicen que no pueden visualizar a un Diseñador. Bien, ¿puede un físico visualizar un electrón? El electrón es materialmente inconcebible y, sin embargo, es tan conocido por sus efectos que lo usamos para iluminar nuestras ciudades, para dirigir los aviones a través del cielo nocturno, y para tomar las medidas más exactas. ¿Qué extraño razonamiento hace que algunos físicos acepten la realidad de los inconcebibles electrones, mientras que a la vez rehúsan aceptar la realidad de un Diseñador porque no pueden concebir tal idea? Me temo que aunque en realidad ellos tampoco pueden comprender el electrón, están dispuestos a aceptarlo porque lograron producir un torpe modelo mecánico de él empleando su experiencia limitada en otros campos, pero no sabrían cómo comenzar a construir un modelo de Dios. He tratado el aspecto de un Diseñador en forma bastante extensa, porque posiblemente la principal resistencia para aceptar el “Caso en favor del Designio” como viable alternativa científica al actual “Caso en favor de la Casualidad”, resida en que es inconcebible, en la mente de algunos científicos, la idea de un Diseñador. No debería permitirse que lo inconcebible de un asunto fundamental (que siempre estará fuera del alcance de la resolución científica) descarte una teoría que explica la interrelación de datos observados y es útil para predecir.
En NASA a menudo nos preguntaban cuál fue la verdadera razón de la asombrosa cadena de éxitos que tuvimos en nuestros vuelos Apolo a la Luna. Creo que la única respuesta honesta que podríamos dar era que tratamos de no pasar por alto nada. En ese mismo sentido de honestidad científica, apoyo que en las clases de ciencia se presenten teorías que son alternativas respecto al origen del universo, la vida y el hombre. Sería un error pasar por alto la posibilidad de que el universo haya sido planeado en vez de haber surgido por casualidad.  Sinceramente,  Wernher von Braun”

Casi dos milenios antes un sabio estoico dijo: “La materia que constituye el Universo se presta fácilmente a todas las combinaciones; y la sabiduría que dispone de ellas, no lleva en su esencia ningún principio maligno. Por lo tanto, no encerrando ninguna maldad, no puede hacer daño ni perjudicar; sino que vela por la creación de todas las cosas y por llevarlas a buen fin”. Marco Aurelio (Pensamientos)

Por mi parte yo lo resolví de forma simple y sencilla hace ya mucho tiempo y lo he escrito siempre que ha venido a cuento… “si existe Creación es por cuanto existe Creador… la nada es nada y la nada no existe”; también yo veo a ese Creador en cualquier “insignificancia maravillosa”, que el hombre no puede hacer… por ejemplo, una simple hoja de cualquier árbol… no digamos si nos fijamos en un simple insecto o cualquier otro ser vivo; por tanto manifiesto el que sigo siendo creyente y en cierto modo (pero sin prisas) me va atrayendo el final de mi vida y lo que he de encontrarme al otro lado… no tengo miedo alguno a ello… “sí a la lentitud del paso final, puesto que el miedo me lo produce ese largo padecimiento que veo a mi alrededor en criaturas que sufren esa lentitud y que no entiendo el por qué de ello”… amén.

Antonio García Fuentes  (Escritor y filósofo) www.jaen-ciudad.es

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