Partiendo almendras y nueces

oct 20th, 2012 | By | Category: Bienestar y Salud

 Me he referido en múltiples de mis artículos, que “el mejor libro a estudiar, es la observación de la Naturaleza”; pienso que en sus enseñanzas están todas las que el ser humano necesita para… sino vivir feliz (la felicidad no existe en este planeta) sí, al menos, para conseguir un estado de bienestar, paz y sosiego infinitamente mucho mejores, que el que nos ha traído el brutal progreso material que se nos ha echado encima y sin estar preparados para “digerirlo”, la inmensa (creo que la totalidad) de los pobladores del mismo, puesto que de este y en gran medida, parten todas las consecuencias que hoy soporta una humanidad no adaptada.

De ahí que muchos, ya hastiados “de tanto progreso”, estén volviendo al medio natural, como un retorno que para mí, tiene una gran explicación y sentido, ya que el ser humano, “somos un ser natural y no cibernético o electrónico”.

En este mes de agosto (y como suelo hacer hace muchos años) suelo dedicar muchas horas, si bien espaciadas (puesto que el trabajo es cansino) a simplemente partir almendras y nueces; puesto que de ambos frutos secos, cosecho “un par de cubos en total”; si bien las nueces en su mayor parte me las facilita mi yerno Juan Pablo, que en su huerta posee varios nogales… las almendras son “de mi cosecha”.

En esta labor me someto a un ejercicio de paciencia que es notable, puesto que partir una almendra o una nuez de nogal (o noguera) no es cosa tan fácil como a primera vista pudiera parecer; puesto que el golpe (o golpes) que des sobre la cáscara del fruto (la almendra tiene dos) ha de ser certero, ya que si no la aplastas, rompes el fruto y muchas veces, lo “espachurras” (despachurras) y se pierde mezclado con la cáscara.

Aún cuando me preparé “un yunque” (un grueso canto rodado cogido del río) y un martillo apropiado (ligero)… aún “espachurro algunos frutos” y pese a los años de practicar, para obtener no más de doscientos gramos de pepitas de almendra o de las cuatro porciones que conforman la nuez (que en su forma se parece al cerebro humano)… tardo más de una hora u hora y media; de ahí que afirmara lo de la paciencia puesta a prueba.

Pero hay más… y es una de las máximas enseñanzas que he aprendido en esta labor “de campesino” y es la siguiente.

Donde realizo esta labor (en el pretil de la piscina y sentado en un incómodo taburete de plástico) voy colocando el fruto en una bolsitas y las cáscaras en un cubo de plástico… cuando surge el  “espachurrado”, en vez de tirarlo todo al recipiente de las cáscaras, separo “lo aplastado” y lo dejo caer al lado de donde estoy y a la distancia donde llega mi mano izquierda… ¿por qué?… Hace años que lo observé y por pura casualidad, ya que son “muy diminutas”… son pequeñísimas hormigas, que cerca de allí tienen su hormiguero y pegado a la piscina… y entonces y por cuanto debieron “oler”, algunas partículas de aquellos frutos, pude ver que acudían en multitud y se los iban llevando todos hacia las bocas del hormiguero; los minúsculos trocitos individualmente y los mayores con esa cooperación y unión de fuerzas con que trabajan las hormigas. Su trabajo duraba mucho más que el mío, y yo las dejaba hacer observando de vez en cuando y volviendo al día siguiente, para comprobar que no quedaba ni la más mínima “pizca”, donde antes estaban aquellas porciones… desde entonces, les echo esas partes aplastadas y a las que me he referido.

Como estoy frente al agua de la piscina, observo que ésta siempre está en movimiento y aún cuando la depuradora no funcione… lentamente y en un sentido u en otro, “las corrientes” del agua (al igual que ocurre en el mar, lagos o lagunas y embalses o pantanos artificiales) discurren con lentitud pero imparables. Las mismas arrastran algún insecto, alguna pluma de ave y muchas más pequeñas cosas, que livianas flotan y navegan sobre las aguas.

Al pasar cerca de mí, esos insectos que flotan o plumas, las recojo con la malla que tengo para limpiar de todo ello la piscina; y con cuidado, se las voy poniendo igualmente a… “mis vecinas las hormigas”; las que al igual que hacen con las partículas de almendra o nuez, hacen con las pequeñas plumas de ave y los insectos ahogados en el agua… “todo lo aprovechan y todo va para el hormiguero”… hormiguero que desaparecerá sobre el mes de octubre y luego volverá a aparecer bien entrada la primavera.

¿Enseñanzas que recojo? Una; que todo lo aprovecha la Madre Naturaleza; en cualquier lugar que surja algo aprovechable, aparecerá el aprovechador animal que lo recoge y lo hace desaparecer; lo he observado y ensayado en múltiples rincones de mi parcela de campo. Y dos… “que todo está en movimiento”, como me lo demuestra mi no grande piscina (10X5 metros y una capacidad de 75/80.000 litros de agua); o sea y condensando aún más… “que todo parece ser que está previsto, controlado, ordenado y que nosotros somos, sólo eso… unos observadores (no muchos) que apenas sabemos el qué y el por qué de todas estas maravillas”. Las hormigas, sí que saben lo que tienen que hacer y lo hacen con toda “escrupulosidad y diligencia”.

El campo enseña mucho… muchísimo… y sobre todo, a valorar la enorme labor de obtener alimentos; que no es cosa fácil… ¡¡Ni mucho menos!! Más aún si lo que obtienes lo quieres obtener de forma artesanal. Por ello cuando consigo algún alimento cultivado por mí y por “malo que sea” (yo soy un campesino fracasado) lo como y me sabe a gloria.

Antonio García Fuentes  (Escritor y filósofo)  www.jaen-ciudad.es

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