Ni en la miseria ni en tiempos revueltos, avanza el hombre

sep 19th, 2013 | By | Category: Nacional

El hombre avanzaY no puede avanzar, sencillamente por cuanto sus necesidades primarias y físicas, ocupan todo su ser y a ello se dedica, puesto que… “sin comer, beber, vestir y encontrar refugio para guarecerse de las inclemencias naturales… simplemente sucumbe y desaparece”; de ahí que las épocas de miseria o de revueltas o revoluciones, sean lacras que lo han estancado siempre cuando no retrocedido en siglos; y lo que creía ya ganado y atesorado… “se fue al garete”; y de nuevo a empezar; que es la maldición que pesa sobre el género humano desde que se escribe la historia.

Mis reflexiones de hoy se basan en el siguiente texto, que acabo de leer: “En 1814, José María Blanco White, uno de esos españoles ilustres que merecen la pena, se preguntaba: “¿Cómo crecen las artes y la civilización en los pueblos?” Y la respuesta que daba el pensador sevillano era sugerente: “El reino de las leyes y del orden civil debe prevalecer. De las leyes nace la seguridad; de la seguridad, la curiosidad, y de la curiosidad, el saber”.

¿Qué está ocurriendo hoy? Reino de las leyes y el orden civil: Ausentes y de forma vergonzosa para los que dicen gobernar; puesto que sobran leyes. Leyes por otra parte farragosas y que están hechas precisamente para que se pueda pleitear ante ellas de forma escandalosa; mediante lo cual, el que tiene dinero o influencias, va soslayando el cumplimiento de las mismas y al final, las evade de forma bochornosa y ante los pueblos indefensos, que ven como esas leyes sólo condenan a los que no pueden oponer… “esas otras leyes de la fuerza que el dinero, las influencias y el poder antepone a las mismas”; por tanto, menos leyes, mucho más claras y concisas y muchos menos pleitos que nada bueno aportan a una mediana civilización, que si no perfecta, pero sí asequible a todos si de verdad se quisiera gobernar con verdaderas leyes humanas.

Orden civil: No puede existir en ese caldo de cultivo donde la corrupción en todas sus manifestaciones es lo que impera. El indefenso se defiende como puede y nunca colaborará con un sistema de gobierno corrompido en demasía; evadirá sus obligaciones, puesto que entenderá (y entenderá bien) que si los que tienen que darle ejemplo y que además viven a su costa, se comportan de forma tan deleznable y delictiva; él se considera con pleno derecho a defenderse con “las armas que le dejan”; así sólo se logra la incivilización y la lucha de todos contra todos; unas veces solapadamente y otras y ya a la desesperada, con las armas que pueden obtener y empleando la metáfora española que sintetizando dice… “De perdidos al río”.

Seguridad: No puede haberla nunca, máxime que se llega (y lo estamos viendo, palpablemente) a que los que se saben organizar fuera de la ley; sean terroristas, traficantes de drogas, financieros depredadores, o de lo que se “tercie”; viven mucho mejor que los que honestamente deciden emprender o continuar en la vida… “dijéramos normal”; puesto que estas bandas, al lograr el poder que las hace fuertes; sobornan y compran desde a los políticos a los jueces, y desde al funcionario oficial al policía o militar, que al señuelo de grandes cantidades y libres de impuestos, muchos son capaces de “vender su alma al diablo… si de verdad el diablo se ocupase de estas compras”.

Curiosidad y saber: El ser humano y como bien dice el pensador arriba citado; necesita estar tranquilo en todos los sentidos, para que entonces libre de las elementales necesidades físicas que lo agobien; su alma y su cerebro, empiezan a destilar esa positiva curiosidad que termina en el saber y por tanto, el ir acumulando saberes positivos que una vez logrados, repercutirían en el conjunto social, de una sociedad verdaderamente humana y de la que tan lejanos seguimos estando.

Y aunque a mi entender, faltara una “bienaventuranza” en las que conocemos y que yo me inventé un día; pero el camino o senda del ser humano, es la curiosidad, el saber y así ir acrecentando cada día que amanece, la verdadera riqueza humana, cual es… “el ser”.

Aquella bienaventuranza o “malaventuranza” que me surgió aquel día de “terribles deducciones”, decía más o menos… “Bienaventurados los que estáis pensando en llenar vuestra panza… así olvidaréis el llenar vuestro cerebro, el que desgraciadamente para el pensador… es inllenable”.

Antonio García Fuentes  (Escritor y filósofo) www.jaen-ciudad.es

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