Las desventuras de un mayor de 45 años

feb 27th, 2015 | By | Category: Noticias +45

Sin trabajo+45Recibido de Empleo Senior y copiada cambiando nombres realesLas desventuras de un mayor de 45 año

Hola, soy Pepe, parado desde enero 2014, mayor de 45 años, condenado a no trabajar más. Os quiero contar mi cuento de Navidad, no es triste, por eso lo cuento.

Mi hermano, Juan, un par de años mayor que yo, insistió en que cenáramos en su casa en Nochebuena. Con mucho interés este año. Nos llevamos bien y nuestras mujeres son buenas amigas. También nuestros hijos, mi parejita y sus tres hijos.

Fue una cena agradable, con buenos platos y un clima muy “navideño” de concordia y muy familiar. Lo pasamos muy bien.

A los postres, uno de mis sobrinos le preguntó a mi hijo mayor que han pedido de regalos de Navidad. Antes de que dijeran nada, solté un discurso sobre la esencia de la Navidad, que no se trata de regalos y que hay que dejar de lado el consumismo, las compras a lo loco y que seguimos en crisis, etc.

La conversación cambio de tema, los hijos y primos jugaban tranquilos y contentos. Ya tarde, mi hermano y su mujer insistieron en llevarnos a casa, habíamos ido en metro, no tenía gasolina en mi viejo coche ni dinero para comprarla.

Al llegar a casa, mi hermano me pidió que esperara con el mientras las mujeres llevaban a los niños a la cama.

Cuando nos quedamos solos, me dijo: ya se la causa de tu discursos anticonsumistas, se que llevas casi un año en paro y que no quieres que te contrate en mi empresa, que no sabes de informática y ordenadores y bla, bla, bla. Ya lo hemos hablado, y no discuto mas contigo, pero no es “caridad” creo que podrías tener un trabajo en mi empresa.

Le hice un gesto para que cambiara de tema, y siguió hablando. ¿Recuerdas que hace dos semanas llevamos a tus hijos al zoo con los nuestros?  Si, contesté. Pues en realidad lo que queríamos es saber que regalos iban a pedir, nos los dijeron y los tengo en el maletero, para que los subas cunado duerman tus hijos.

No pude decir nada, solo rodaron unas lágrimas por mi cara y me abracé con fuerza a mi hermano, sin dejar de llorar. Nos separamos y estuvimos un rato callados, yo solo podía mirar al suelo. Me dio un kleenex y abrió el maletero, lleno de paquetes envueltos con papeles alegres y etiquetas de cada nombre a quien iba el regalo. Los sacamos y debajo, había dos pequeños paquetes, mas sobres que paquetes. Uno, con el nombre de mi mujer, el otro con mi nombre.

Mi hermano me insistió en que solo los podría abrir por la mañana. Volvieron las mujeres, ya habían acostado a mis hijos y subimos los paquetes, los regalos. Mi hermano y su mujer se fueron y subimos a casa. Pregunté a mi mujer si sabía que era esto y me dijo que se lo contó mi cuñada antes de la visita al zoo. Y que le pareció que no se debían quedar sin regalos nuestros hijos, que mi hermano lo hacía por el cariño que nos tiene, etc.

Colocamos los regalos y fuimos a dormir. Pero antes, sin hacer caso a mi hermano, abrimos nuestros regalos, los sobres. Tenían billetes, de 100 euros, una buena cifra en cada sobre.

Nos dimos un beso y nos metimos en la cama.

Con la ilusión de ver las caras de nuestros hijos al día siguiente.

Recomendamos:  Corrupcion y Envilecimiento Mudo Parlamento Multinacionales y Politicos 

Otras recomendaciones:

 

Tags: , , , , , ,

Dejar Comentario