La Jubilación-Entrega 3

sep 6th, 2012 | By | Category: Noticias +45

En esta entrega revisaremos la Reacción ante las causas vistas en el capítulo anterior. Veremos como afrontan la situación de pase al retiro las personas, en función de la situación emocional.

  1. La filosófica. Corresponde a una persona que, en general, cree que ese momento esta muy lejano y que no le va a afectar una situación como la reflejada en Las Causas. Puede tener una edad sobre los 30 años que hace filosofía sobre el retiro y que es lo que piensa hacer.
  2. La de quien lo desea. Hay personas que están cansados de su actividad las razones pueden ser múltiples, pero la conclusión sería que han sido superados y quieren cambiar de vida. No son las personas que nos hablan de “voy a jugar al golf todo el día”, con alegría. Estos, no soportan la presión a que está sometidos, están aburridos de lo que hacen, han sufrido una pérdida personal (especialmente la pareja) que los hace perder interés en lo que hacen.
  3. La de quien se resiste: Aquí se encuadran la mayor parte de las personas y las causas de resistencia son algunas generales y otras particulares.

Las causas de resistencia, en general son las siguientes:

  • Miedo al cambio. Pasar de una situación conocida, aunque no sea agradable, a otra desconocida aunque parezca positivo, produce temor, y mas en este caso que se trata  de un cambio radical de vida. Pasar de algo que somos a algo que desconocemos. Tiene dos aspectos negativos: primero tenemos que cambiar parte de lo que somos, de nuestra identidad, por lanzarnos a correr un riesgo con algo que no conocemos. Según la resistencia al cambio, toma mayor o menor envergadura según cada persona y cada tema. Lo que para algunos es muy grave para otros es de menor cuantía.  Si cambiar de trabajo es un tema de gran impacto en la vida de una persona, cuanto más el hecho de dejar de trabajar.
  • Pérdida de estatus. El paso de un puesto de trabajo y más si es de alto nivel, a ser  un jubilado es una perdida de estatus social innegable. Pero cualquiera que sea el nivel, la situación tiene dos efectos positivos para el que trabaja: a) por el hecho de que trabaja, no está bien visto no trabajar y b) pertenecer a una empresa importante. Esta pérdida de estatus, también se aplica al profesional o el propietario activo de una empresa para ser alguien quien no trabaja.
  • Pérdida de la autoestima. Consecuencia de la pérdida de estatus es la perdida de la autoestima. Ya no es el ser valioso que era, sino que pasa a ser un estorbo a la hora de limpiarse la casa (lo cual algunas mujeres se ensañan en señalar). Mientras trabaja, antes solo el hombre y cada día más la mujer, se siente valioso frente a sí mismo y a los demás. Al dejar de trabajar (este es uno de los problemas adicionales de los desempleados), la persona pierde valor, ya no tiene un valor especifico a su persona.
  • Pérdida de identidad: el trabajo es una parte muy importante en la constitución de la identidad de una persona, en algunas más que en otras. En todo caso dejar el trabajo que se ha realizado en general durante toda la vida significa un golpe a la identidad del individuo. Como una cadena en esta continuidad que estamos siguiendo, el cambio ha significado una perdida del propio ser, ha significado una pérdida del status social y a esto se ha agregado una pérdida del sentido del propio valor: la identidad queda tocada. Dejar de trabajar es dejar una parte de uno mismo, es una pérdida de identidad que hay que recuperar, porque además el trabajo es una parte muy importante en la vida de una persona, en lo que una persona es y con lo que se identifica ella misma.
  • Llegada de la vejez. La temida y desvalorizada vejez ha llegado y, a esto, el ser humano de la sociedad actual se resiste. Vejez tiene mala prensa. Si cada cambio de década es hiriente, la llegada a la vejez es el punto final de una resistencia y si alguien los declara es solo para decir “los he vencido” (la publicidad de Jane Fonda “¿sesenta años, nada mal, no?”. Pero en definitiva a nadie le gusta le diga que lo llamen viejo.
  • Temor a la pobreza. Las jubilaciones son exiguas en relación al ingreso anterior y además se deterioran en una proporción mayor. A lo largo de los años, quien se retira teme que sus ingresos bajen en poder adquisitivo y le pondrá en situación de dependencia de otros. Aunque una persona sea discreta en sus gastos, no quisiera estar obligada a tener que dejar ese nivel. Los ingresos de los jubilados son siempre lábiles, porque las personas, cuanto mayores son, menos posibilidades suelen tener de recuperarse. Un señor que se retiraba con un capital de tres millones de dólares, temía por su futuro. El miedo a la pobreza es por fin el miedo al deterioro en el nivel de vida y esto no es absurdo pensarlo. Además en muchos casos esto supone pasar a depender de otros, en general los hijos. Nadie quiere vivir en casa de otro, nadie quiere ir a un geriátrico. Y quien se retira lo teme.
  • Miedo a la muerte. El anuncio de la vejez anuncia la muerte de una manera disimulada y vaga, pero real. No importa cuanto se hable la muerte es el mayor de los cambios. Se le aplican todos los puntos que vimos en el primero de los temas que tratamos y todos en grado supino. Y aunque cada persona reacciona de maneras diferentes al temor de la muerte o a su concreción, no es el mejor programa para un sábado por la noche.

Todas estas son razones más que suficientes para que las personas se resistan al retiro. En una próxima entrega, analizaremos las razones personales para esta resistencia.

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