El miedo y cerca de las estrellas

jun 29th, 2013 | By | Category: Nacional

IcaroEl hombre, que nunca tuvo alas salvo las que le produjo su imaginación, al amparo precisamente de ella: “Quiso volar”. ¿Y qué es lo que consiguió?: efectivamente, consiguió mucho, mucho, pero generalmente todo cuanto consiguió lo hizo pensando en sí mismo más que en los demás; de ahí que las “mejores” (es un decir) máquinas y herramientas, siempre fuesen para dedicarlas a la guerra, mejor dicho, como armas para obtener un dominio mucho más perfecto, sobre otros hombres para que éstos, pasasen a su servicio y a ser posible con exclusividad.

Por ello, ese hombre y en general sólo progresa o ha progresado, en una sola línea, o sea, la exclusivamente material. Ha olvidado lo que de espiritual tiene el hombre y salvo excepciones muy contadas, el hombre ha sido dominado siempre por sus miedos, que son los que siempre le han impulsado a “atesorar excesivamente”, pues una cosa es guardar para las épocas en que se pueda necesitar, cosa que hacen las hormigas y las abejas, junto con otros animales: y otra cosa muy diferente y perniciosa, la que suelen hacer muchos hombres,  atesorar de forma excesiva y lo que produce una penuria y miseria, de la que ya nos habla el sabio Pitágoras con su  consejo siguiente. “No aspiréis jamás a la vanidad de ser ricos; contribuiríais a que hubiese más pobres”. 

¿Pero por qué ocurre ello y con tanta profusión a lo largo de toda la Historia que conocemos del hombre y sus civilizaciones? Pienso sinceramente, que por cuanto ese hombre siempre ha estado sólo y generalmente desvalido. Es por lo que debió pensar que en éste mundo era la fuerza lo principal y junto con ella o para dominar a la misma, era necesario el poder y en forma de dinero, tal y como hoy lo conocemos o como en otras épocas existió (oro, plata, piedras preciosas, ganado, sal, etc.): así se garantizaba una más cómoda y segura vida, si sabía mantener los resortes de ese poder, el que astutamente supo compartir con los elementos cercanos, que podrían hacerle “sombra”, o incluso arrebatarle ese poder y bienestar antes mentados, el que de hecho le era arrebatado muchas veces y en base a la misma fuerza que él emplease.

Para conseguir ello, tuvo primero que compartir poder y dinero con los elementos fuertes de su entorno (clan, tribu, pueblo) y en detrimento de una mayoría dominada o sojuzgada por el tal (jefe, rey, caudillo) y es claro que igualmente tuvo que pactar  con él (o los) miembros destacados y que por sus artes ó “astucias”, decían estar y tener comunicación con los dioses o la deidad suprema; es claro que a este o éstos elementos, tuvo que dotarles de bienes suficientes y un status al nivel que requiere aquel que es o se considera, como…  “el  enlace entre el hombre de esta tierra y los dioses del cielo o firmamento”.

En resumidas cuentas, que entre los miedos de unos y las ignorancias de otros, es como siempre se ha mantenido el poder, puesto que el hombre o mujer, siempre han estado (y están) condicionados por esos miedos, que son muchos y variados y que sólo conocen (si es que los saben detectar) los propios individuos que los sufren. En el caso que hoy comento, o sea en el miedo a la impotencia de sobrevivir o subsistir, más o menos dignamente, el miedo que produce, se puede definir de la siguiente manera: “El miedo a no conseguir lo que se cree será necesario y suficiente a lo largo de la vida y una vez conseguido ello, el miedo a perder lo que ya se tiene conquistado”.

Son, bajo mi particular apreciación, los dos miedos cruciales y que padece cualquier ser humano, lo sepa o no, pero pienso sinceramente que son instintivos.

Y si he hablado de ese poder del que se cree “enviado de los dioses”, es por cuanto el ser humano y por rudimentario o inculto que sea, tiene temores y miedos a lo que sin entenderlo valora como superior a su propio ser, o sea el misterio de la divinidad (Dios, dioses, genios, espíritus, etc.) y en los que ha creído siempre, puesto que no se encuentra ningún pueblo o grupo humano, por salvaje que se le considere, que no tenga sus creencias religiosas, más o menos desarrolladas y en todas ellas existe “el eslabón”, que autorizado por “los dioses”, es quien pide bienes, dones, perdona faltas y pecados y concierta pactos, entre los hombres y las divinidades inferiores o el superior Creador.

Si analizamos el mundo que nos rodea hoy –final de un milenio- que estamos a las puertas del denominado “tercer milenio” y nos trasladamos con la imaginación, hacia cualquier tiempo pasado donde el hombre se debatió con “sus miedos”, veremos que poco ha cambiado ese hombre y “sus miedos”; tampoco lo ha hecho en su fiereza y brutalidad, pues si bien existe “una especie de barniz” que aparentemente lo protege (nos protege, puesto que entramos todos) llegados momentos decisivos de “otros miedos o pánicos”, la fiera que bulle dentro sale con la máxima fuerza destructiva y ocurren los hechos, que todos hemos visto muy recientemente en los actos execrables producidos en esas luchas intestinas de los países balcánicos[1][1] y otros muchos que en la actualidad o bastante recientemente, ocurre o han ocurrido y donde se demuestra la terrible definición de que:  “el hombre sigue siendo el lobo para el propio hombre”.

Necesario (pues) nuevas enseñanzas, nuevas leyes justas y que sean aplicadas a niveles internacionales y en definitiva, ir preparando a las nuevas generaciones, para que precisamente sean eso mismo… “nuevas y mejores”.

[1] Creo no necesario recordar lo que ha ocurrido  (y siguen ocurriendo aunque en menor escala) en Bosnia, Kósovo, Serbia, etc. O lo que hoy mismo está pasando en alguna de las antes repúblicas soviéticas (Rusia y “sus satélites). También me podría  referir a lo que no hace mucho ocurriera en países centroamericanos (El Salvador, Guatemala, etc.) ó África, donde hay, hubo y habrá masacres incalificables por su virulencia y extensión. O más reciente y aquí mismo en algunos lugares de “la costa de Almería”, que aunque no sea equiparable a lo anterior, pero tiene su similitud por cuanto pasó y puede volver a ocurrir, si no se arbitran medidas lógicas y que eliminen los estados de violencia, que tapados por el momento, están ahí latentes y en espera de que “alguien o algo… prenda de nuevo  la mecha”. (Escrito el: 11 Enero de 2000… lo público para recordar y que recuerde el que tenga memoria)

Antonio García Fuentes  (Escritor y filósofo)  www.jaen-ciudad.es

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