El correo y la cultura

ago 22nd, 2013 | By | Category: Cultura

Arte y correoEn España hubo un tiempo bastante largo, en que el correo era un servicio público; estaba totalmente controlado por el Estado y cumplió con amplitud lo que debiera ser ese servicio público y como tal al alcance de todo el pueblo, el que lo pudo disfrutar como algo normal y ni nos dimos cuenta de ello, hasta que entró, la plaga de depredadores que al final, hasta nos ha arruinado.

Pertenecer al “Cuerpo de Correos”; era una ilusión del que optaba (mediante oposiciones rigurosas) a un puesto en el mismo, en el que y como en lo militar, se entraba en el escalafón y se iba ascendiendo, aquel que de verdad “valía”.

Ello cambió con los nuevos (dicen) que progresistas; que lo transformaron en un negocio más y además, le dieron cabida al capital privado, el que ya se encargó de hacerlo bastante peor que en las épocas a que me refiero.

Antes una simple carta “ordinaria”, la recibías en el mismo día si era de tu misma ciudad y antes del “reparto”, era depositada en el buzón. Si era de fuera y dentro de España, tardaba un día o a lo sumo dos, en llegar a tus manos… “hoy, incluso la de destino local, puede tardar varios días, “si es que no se pierde en el camino”, cosa impensable en la época anterior y con infinitos menos medios que hoy.

Recuerdo en mi época de, “chiquillo para los recados”, que yendo a recoger los abundantes paquetes postales, para el negocio donde trabajaba; siempre había allí, gran cantidad de paquetes de libros, puesto que era el servicio más rápido, cómodo, eficaz y económico para que los libros llegasen a las librerías; servicio que gozaba de precios económicos por demás.

Igualmente aquel paquete postal, servía para el envío rápido y económico de múltiples cosas, que mediante “el certificado”; llegaban con puntualidad a su destino; tan es así, que en mis tiempos de “soldado a la fuerza por las levas de la mili obligatoria”; a Melilla, donde fui destinado; periódicamente me llegaba enviado por mi madre, un ansiado paquete conteniendo embutidos y conservas, el que siempre llegó al cuartel y jamás se perdió un envío.

Recuerdo perfectamente, aquellos carteros (repartidores diarios) cargados con aquellas enormes carteras de cuero, que como “mochila especial”, colgaban de su hombro y espalda, los que habían de repartir todo lo recibido y acabar a la hora que ello terminaba. Antes habían intervenido en la clasificación en la sede de “Correos”. Igualmente te llevaban a casa, el giro postal y te entregaban el dinero en tu domicilio; lo mismo el pequeño reembolso el que te entregaban y cobraban igualmente a domicilio; e incluso se preocupaban de buscar al destinatario en aquellas direcciones, que mal redactadas no llegaban a dar la dirección exacta… preguntaban y preguntaban, antes de escribir en el envío, la palabra… “DESCONOCIDO”. Sencillamente, el correo era considerado como algo “sagrado” y hay casos inverosímiles de haber entregado a un destinatario, en el que más que como carteros, actuaron como “investigadores”. Entonces la profesión era sólo para hombres; hoy es compartida con las mujeres.

Incluso había los “trenes correo” y en cuyas unidades, siempre fue el “vagón correo”, que era una gran oficina rodante y donde se efectuaban todas las faenas de clasificación y distribución  que en otra oficina cualquiera. Con este especial servicio, que funcionaba las 24 horas del día, se lograba complementar la eficacia nacional.

Del tiempo en que hablo, era aquel en que sólo circulaban por las viejas líneas ferroviarias españolas (RENFE) locomotoras de vapor, alimentadas con carbón de piedra y viejas unidades ferroviarias, de principios del siglo veinte o incluso anteriores… ¡¡Y el correo español funcionaba magníficamente y con puntualidad!! Y además (reitero) a precios muy asequibles para todo.

A la Cultura, los gobiernos de Franco, dedicaban especial atención, y todo papel impreso circulaba a precios irrisorios, fuese libro, periódico o folletos, estos últimos incluso comerciales. Especial atención dedicaban al material para la enseñanza de ciegos y otros, llegándose en estos casos, al transporte gratuito.

Todo ello pasó a la historia, puesto que “los depredadores que heredaron a Franco”, así lo han querido y hoy y por ejemplo; enviar dentro de España, un libro de 570 gramos de peso, cuesta 4,50 euros más 0.75 céntimos, si quieres un sobre que proteja al libro (si no lo proteges igual llega destrozado); si lo quieres enviar “certificado” (para que no lo roben o se pierda) 7,60 euros (más que cuesta el libro realizado en la imprenta) y si lo quieres enviar contra reembolso, te cobran 9,27 euros… si lo quieres enviar a Europa 23,80 euros (más que vale el libro en la librería) y si lo quieres enviar a la América Española, vale más que dos libros en España… o sea… ¡¡UNA PROTECCIÓN AL LIBRO Y A LA CULTURA!! Mientras ocurre todo ello, son cuantiosísimas las sumas de dinero que se dedican a cosas que sería infinito el comentarlas, por los derroches absurdos que hubo y sigue habiendo, cuando no las malversaciones de fondos, que han sumido a España en una hedionda corrupción de la que reponernos, será cosa de muchas décadas, si es que se consigue.

Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo) www.jaen-ciudad.es

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